Vuelve el lunes y una nueva semana empieza, dejando atrás un fin de semana lleno de anécdotas y sucesos. La Navidad ya llega y las calles se llenan de luces, la televisión de anuncios consumistas y las casas de adornos navideños. Se juega el derbi y el Barça gana, aunque el Madrid aguante, y se alejan doce puntos, pero aún queda mucha liga, sólo estamos en Navidades. Lo que ya no queda tanto es de mandato de Bush, este se despide de Irak y de Afganistán y un periodista en vez de lanzarle una pregunta le lanza los zapatos. Volviendo a España nadie tira zapatos a nadie, quizás porque hace demasiado frío como para quitárselos, España está llena de nieve y medio congelada, sobretodo por Castilla y León, Asturias y Galicia. Las carreteras se cortan y los pueblos se quedan incomunicados. Muchos conductores se quedan en medio de sus viajes. Pero no nos podemos quejar estamos en Navidades y entrando en invierno y hace el tiempo que debe hacer, un invierno sin frío no es invierno y unas Navidades con nieve y frío son más apropiadas, por lo menos en este hemisferio.
Estos últimos días se ha producido una brutal, irracional y repugnante persecución, ya no sólo a nivel español (que es habitual) si no mundial, a la Iglesia Católica. Me ha impresionado ver al Papa Benedicto XVI. Un anciano aguantando estas largas Misas de Semana Santa en el Vaticano, en él pesaban más el odio y el anticatolicismo que los años. Era un hombre agotado, después de todo lo que le han echado encima tan injustamente estos días. En estas fechas más que nunca creo que el Santo Padre ha llevado la Cruz, como la portó Cristo. Ese anticatolicismo fue comparado con el antisemitismo, que no con el Holocausto, gracias a Dios no se ha desatado un Holocausto (a más de uno le gustaría), pero sí una semblanza al antisemitismo. Antisemitismo que estuvo presente en oscuros años en nuestra civilización y que culminó con el Holocausto. Antisemitismo que he denunciado aquí mismo, porque sigue presente. Y ahora un anticatolicismo, que de momento no ha tomado, y esperemos que así sea, el nivel...
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