domingo, 11 de septiembre de 2011

Cómo inventarse una nación

Y un año más estamos en el 11 de Septiembre, día en que se celebra la Diada de Cataluña. Una celebración que pasa de ser una mera celebración del día oficial de una Comunidad Autónoma más, a ser una reivindicación independentista. No me importa la Diada en sí, me es exactamente igual esa celebración, ni colgaré trapos en mi balcón ni cantaré himnos. Lo que traigo hoy es mi sorpresa sobre como pervive en Cataluña una ideología nacionalista.

El nacionalismo no es más que un amor y una exaltación irracional a un territorio, en Cataluña puedes observar como muchos han hecho del nacionalismo catalán su modus vivendi, como alzan al cielo trapos y los idolatran, como adoran a ídolos inventados. El nacionalismo catalán habla de un Estado opresor, de un poder que le oprime, cuando este no existe, para ello se lo inventan, será éste el Estado español, un país al que siempre han estado unidos y hacia el cual nunca habían tenido rencor hasta que un "predicador" les dijo que se lo tuvieran. Se inventan una historia ficticia, reinos y pasados esplendorosos inexistentes. Una guerra de Sucesión que le pasan a llamar de Secesión, y a partir de ahí dicen que caen en garras del conquistador español. Un héroe llamado Rafael Casanova que luchaba por el Rey y por España, pero que ahora resulta que luchaba por la independencia y que ondeaba la estelada mientras combate al español; todo mentira para inventarse una nación que no existe. Casanova era un héroe, posiblemente lo fuera, pero un héroe español, como lo define el historiador José Javier Esparza: «un burgués de Barcelona que en un momento muy difícil fue puesto al frente de una ciudad. En ese puesto peleó por lo que él creía ser la verdadera España: la corona austriaca, con sus fueros y sus leyes tradicionales, como era costumbre en la nación española. Peleó en nombre de esa España y lo hizo con un valor y una determinación a los que no le obligaban ni su estatuto, ni su profesión ni su temperamento, pero sí lo que él creyó su deber". Es decir de una guerra entre partidarios de una dinastía u otra, el nacionalismo catalán ha inventado una guerra entre el pueblo catalán contra un invasor, que eran los españoles; un personaje que luchaba por una dinastía, que el nacionalismo ha convertido en un héroe patriótico que luchaba por la libertad (independencia) de su pueblo. Yo verdaderamente admiro la capacidad del nacionalismo catalán de inventarse una Historia, unos héroes, para inventarse una nación, pero esto no es lo más difícil, lo difícil es hacer que la gente se lo trague.


Otro punto importante es la lengua, siempre hay que usar la lengua como arma, como elemento diferenciador. El problema que le surge en este punto al nacionalismo es que la lengua más hablada en la calle en Cataluña, hoy por hoy, es el castellano, y claro hay que pisarlo e imponer el catalán. Si éste último se muere y está en decadencia hay que evitarlo, pero ¿cómo hacerlo? haciendo tragar a la gente el catalán, imponiéndolo, manteniendo al moribundo artificialmente. Aunque esto sea perjudicial para los catalanes, que son los que importan, da lo mismo; se les impone una lengua pijama (de andar por casa), y se les hace más provincianos, que miren a su ombligo y no al Mundo, que pierdan su tiempo en una lengua que pronto será de museo y que internacionalmente tiene el peso que tiene. No contradigo con esto que se le proteja, pero no sobretodo y en perjuicio de los catalanes. Que la gente la hable en su casa, con familia y amigos, que se enseñe en el colegio para que la gente lo entienda y lo sepa hablar, y se dé la asignatura de catalán. Pero querer poner el catalán por encima de todo, primordial al castellano es un grave error. En la educación de cualquier niño catalán es importante que aprenda el catalán y que se le imparta la asignatura de lengua catalana, para que sepa escribirla y hablarla, pero es más importante que esta lengua otras como el castellano o el inglés, a mí personalmente si tuviera hijos me interesarían más para su aprendizaje.

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